Según Pineault y Daveluy
(1986),la evaluación de un programa de educación
para la salud debe responder a tres niveles:
Los
efectos del programa, es decir, el logro de
los objetivos, así como otras posibles
consecuencias (los resultados)
La validez
de las actividades (el proceso)
La adecuación
de los recursos (la estructura)
Desde
que en el año 1995, el Programa ¡ÓRDAGO!
comenzara su aplicación en el País
Vasco, sistemáticamente se ha recogido
información relativa al desarrollo
del programa tanto desde el punto de vista
del alumnado como del profesorado correspondiente.
Los instrumentos utilizados para efectuar
dicho seguimiento de la aplicación
han sido variados y han respondido a las
diferentes necesidades que se han observado
en cada una de las realidades donde el Programa
ha funcionado y funciona.
Estos
dos últimos instrumentos tienen como
objeto favorecer el conocimiento del funcionamiento
real del Programa en las aulas. Determinar
la percepción que respecto a la eficacia
del programa sostienen profesorado y alumnado,
así como determinar su grado de satisfacción
con el desarrollo del programa.